Al
escuchar las noticias y ver lo que ocurre hoy en esa región, uno diría
que Israel no tiene posibilidad alguna de sobrevivir. Pero tengamos cuidado,
porque seguramente los planes de Dios, revelados en las Escrituras, no concuerdan
con las resoluciones de los políticos.
• Israel
es un país muy pequeño. Su tamaño es similar al estado
de New Jersey. Tiene una extensión de 21.946 kilómetros cuadrados,
incluyendo la parte oriental de la ciudad de Jerusalén, que fue anexada
por Israel en 1967 después de la Guerra de los Seis Días, aunque
la mayor parte de la comunidad internacional no lo reconoce.
• Para finales
del año 2007, la población de Israel se estimó en 6.426.679
habitantes. Está rodeado por veintidós países árabes
con una población que excede a los 320 millones de habitantes, todos
los cuales están dedicados a la aniquilación de Israel.
• Las fuerzas
militares árabes adyacentes a Israel, ahora tienen sofisticados misiles,
los cuales están dispuestos a usar indiscriminadamente.
• La república
islámica de Irán, uno de los vecinos de Israel, cuenta con misiles
capaces de alcanzar su territorio, y está fabricando artefactos nucleares.
Su presidente; Mahmoud Ahmadinejad, ha anunciado que pronto su país contará
con una bomba nuclear que usará para aniquilar a Israel.
•
Las
principales organizaciones internacionales, tales como las Naciones Unidas,
la Unión Europea y el Vaticano, están todas comprometidas para
tratar de obligar a Israel a que le entregue su territorio a los árabes,
dejando el país con sólo treinta kilómetros y medio de
ancho en su parte más angosta.
• Estas
mismas organizaciones están exigiendo que Israel entregue la mitad que
le corresponde en la actualidad de su ciudad capital de Jerusalén.
• Las dos
grandes potencias del mundo: Estados Unidos y Rusia, se han unido junto con
el resto del mundo, exigiendo la creación de un estado palestino en el
corazón de Israel, un estado terrorista que se convertiría en
una especie de plataforma de lanzamiento de misiles teledirigidos para acabar
con todo el pueblo judío.
• Después
de sesenta años de hostilidades que parecen no tener fin, el pueblo de
Israel está cansado. Y más que cansado, inseguro, debido al odio
de sus vecinos, no únicamente los palestinos. Las declaraciones de los
gobernantes actuales parecen firmes y decididos a defender su territorio.
Podríamos
acusarlos de demasiado blandos, pusilánimes, inseguros y desalentados,
pero esto no sería justo, porque el país está en peligro.
Pero...
¿Qué razones tiene Israel para reclamar ese territorio como propio?
• Israel
tuvo su comienzo como pueblo en el año 1312 A.C., dos mil años
antes de la aparición del islam en el séptimo siglo después
de Cristo. Dijo Dios: “...La tierra mía es; pues vosotros forasteros
y extranjeros sois para conmigo” (Lv. 25:23b). Queda claro entonces, que
la tierra le pertenece a Dios y que puede hacer con ella lo que quiera: “Y
Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él:
Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte
y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré
a ti y a tu descendencia para siempre” (Gn. 13:14, 15).
• Luego
de que los israelitas conquistaran la Tierra Prometida en el año 1272
A.C., tuvieron dominio de gran parte del territorio que les otorgara Dios por
mil años. Después del año 70 de la era cristiana, otras
naciones tomaron su control. La mayoría de la población fue esparcida
alrededor del mundo quedando desposeídos de patria hasta el 14 de mayo
de 1948, fecha en que fue refundado el moderno estado de Israel. Sin embargo,
a pesar de su exilio, siempre permaneció un remanente de judíos
en la tierra.
• Los profetas
hebreos declararon que Dios hizo un pacto con el pueblo judío y la tierra
de Israel que duraría mientras permanezcan el sol, la luna y las estrellas
en el firmamento, tal como lo implica Jeremías en los versículos
35 al 37 del capítulo 31 de su libro, y ese compromiso involucra la posesión
del territorio.
•
En
el Antiguo Testamento se menciona a Jerusalén más de 700 veces,
mientras que en El Corán no aparece ni una sola vez.
• El rey
David estableció a Jerusalén como la capital de Israel, pero nunca
ha sido capital de un país árabe o musulmán. Cuando los
jordanos ocuparon a Jerusalén, nunca procuraron hacerla su capital.
• Durante
el siglo II de la era cristiana, el emperador romano Adriano le puso al territorio
el nombre de «Palestina», para resaltar el nombre de los peores
enemigos de Israel, los filisteos, mientras que a Jerusalén le llamó
«Aelia Capitolina», en honor al nombre de su familia, Aelia.
• La ciudad
de Jerusalén nunca ha tenido el mismo significado espiritual para los
musulmanes como para los judíos. Incluso no existe evidencia alguna de
que Mahoma realmente la hubiera visitado. Mientras los judíos oran mirando
hacia Jerusalén, los musulmanes siempre han orado en dirección
a la Meca, con sus espaldas hacia Jerusalén.
• Jamás
ha existido un estado árabe palestino. Aunque varias tribus árabes
vivieron en el territorio después de la conquista musulmana en el siglo
VII, tampoco tuvieron una entidad política autónoma. La tierra
fue controlada a distancia por gobernantes musulmanes hasta 1917.
• Durante
los años del Mandato Británico, que se extendió desde 1917
hasta 1948, los sueldos más altos y un mejor nivel de vida atrajo a muchos
árabes de Siria y Egipto. Bajo ese Mandato, tanto judíos como
árabes portaban pasaportes identificándolos como «Palestinos».
• En 1922,
el 78% del área bajo el Mandato Británico al este del río
Jordán se convirtió en un estado árabe palestino, llamado
el Reino de Jordania, y el resto fue destinado para Israel.
• En 1947,
la ONU redujo el tamaño designado para los judíos, y aún
así los árabes rehusaron el Plan de Partición, que les
habría otorgado en ese momento el estado que exigen hoy día.
• Los judíos
aceptaron el plan en 1948, pero los líderes árabes le indicaron
a su gente que salieran de Israel, prometiendo que eliminarían a los
judíos de la tierra y que luego podrían regresar. Así nació
el problema de los «refugiados palestinos», los que se han mantenido
deliberadamente dentro de campamentos con el propósito de desprestigiar
a Israel ante la opinión mundial. Algo muy parecido a los “sin
tierra” aquí en el país. Yo personalmente he visto esos
campamentos. Es realmente lamentable cómo están. Pero fueron ellos
quienes NO acataron la resolución de la ONU. Lo hicieron para aparentar
que fue Israel que los dejó así.
• Al mismo
tiempo, los judíos que vivían en tierras árabes fueron
forzados a huir de esos países, dejando atrás todas sus posesiones,
debido a la brutalidad, la persecución y los pogromos árabes.
(El término «pogromo» es el movimiento popular antisemita
de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX promovido por las autoridades
zaristas, acompañado de pillajes y matanzas).

Se estima que
el número de refugiados árabes que salieron de Israel fue de unos
650.000. Mientras que el número de refugiados judíos forzados
a salir de los territorios árabes en ese mismo período, se calcula
que fue igual.
• Bajo el
gobierno jordano, se profanaron los lugares sagrados de los judíos y
se les negó el acceso a sus lugares de adoración.
• Bajo el
gobierno israelí, todos los lugares sagrados musulmanes y cristianos
han sido preservados, y están accesibles a personas de todos los credos
religiosos.
J. A. Holowaty,
Pastor