En medicina: mentir o decir la verdad a un paciente…

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medicinaLa visión tradicional de la medicina occidental indica que los médicos, al comunicarse con sus enfermos, deben “apegarse a la verdad”. Se considera que decir la verdad es obligación moral y biomédica fundamental.

En cambio, en China, donde la familia es un núcleo social fuerte que suele proteger al individuo. La ética médica sostiene que “los doctores tienen el deber de esconder la verdad, e incluso de mentir cuando sea necesario”.  Todo, con tal de beneficiar al paciente y a la familia encargada del afectado.

Esa visión presupone que la parentela tiene el deber de cuidar a sus miembros cuando enferman porque las cargas, los dolores y las responsabilidades deben compartirse.

Ambas posturas, la occidental y la china, son contradictorias.

Profundizando en los dos panoramas expuestos. El primero, el occidental, y que se lleva a cabo sólo en las sociedades donde los médicos respetan “el valor” del enfermo como persona, afirma que los individuos son seres autónomos. Que tienen derecho a saber todo lo que acontece con su cuerpo.

Dicha autonomía permite al doliente, en conjunto con su doctor y allegados, decidir que es lo que más le conviene. En esa situación, mentir implica no respetar la autonomía del enfermo.

En el segundo panorama -el sustentado por la moral confucionista- los galenos tienen obligación de “dosificar” la información. E incluso de mentir cuando determinados datos podrían acelerar la enfermedad del afectado. Precipitando la muerte, el suicidio, el aislamiento o deteriorar las relaciones familiares.

Aunque ambos escenarios son veraces, plantean esquemas de conducta antagónicos. No sólo porque cada familia y cada enfermo son diferentes, sino porque los médicos también difieren entre sí.

En el papel y en el complicado mundo de la lógica occidental, la idea de decir la verdad parecería ser la correcta: Los médicos deben ser veraces y  los enfermos tienen derecho a saber todo lo que les sucede.

Sin embargo, en “el otro papel”, el de la realidad modificada por la enfermedad, las cosas son distintas. No todos los pacientes quieren saber qué es lo que les sucede. No todos tienen la capacidad de manejar esa información. Y no todos los galenos la transmiten adecuadamente ni abren las puertas para disipar las dudas que surjan en el futuro.

El dilema es inmenso e interesante. El arte radica en saber qué es lo que cada paciente quiere conocer.

En más de una ocasión escuché en la Facultad de Medicina la siguiente analogía de Platón: “El engaño debe ser entendido como una especie de medicina peligrosa, pero, en ocasiones, útil”.

De hecho, el mismo Platón consideraba que las únicas personas que tenían derecho a mentir eran los galenos, ya que ese acto podría considerarse una forma de tratamiento.

Si partimos de la idea que afirma que el médico siempre debe buscar beneficiar a su enfermo, Platón tiene razón. En medicina, la mentira podría ser un instrumento útil y de gran ayuda para muchos enfermos.

La idea previa toma cuerpo en la visión confucionista de la medicina. Ahí el galeno discute con la familia el diagnóstico y el pronóstico del paciente antes de hablar con el afectado. Si los seres cercanos lo consideran pertinente el médico tiene obligación de mentir al afectado. Siempre y cuando este acto no sea en deterioro del interesado y la familia asuma el papel protector que le corresponde.

En nuestro medio, la enseñanza china se reproduce parcialmente en las clases socialmente desprotegidas.

Es frecuente que los familiares de los pacientes, sobre todo cuando el diagnóstico es cáncer o enfermedades “graves”, soliciten que no se transmita la información al interesado. Suelen estar convencidos que será en deterioro de su ser querido.

En otras sociedades, como la estadunidense, donde es común que las familias se encuentren resquebrajadas, el peso de la enfermedad lo lleva el enfermo y “un mínimo” de allegados.

Los panoramas expuestos, amén de la sabiduría de ambas medicinas, exponen otras constantes. El peso de los vínculos familiares.  La solidaridad. Las relaciones entre galenos y sociedad, y el valor moral que se otorga a la verdad o la mentira. Como en tantas otras circunstancias, la enfermedad es censor insoslayable de la condición humana.

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