La Gran Ramera de Apocalipsis: La Gran Prostituta – 2da parte

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“La que está sentada sobre muchas aguas”

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“Y uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, vino y habló conmigo, diciendo: Ven; te mostraré el juicio de la gran ramera que está sentada sobre muchas aguas” Apocalipsis 17:1

Como puede verse por el versículo 1, el título de todo el capítulo 17 podría ser “La Iglesia Apóstata” cuando nos referimos a esta ramera.

Es presentada como ramera (en griego “porné”), puesto que los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los habitantes de la tierra, han sido seducidos por ella. No se la presenta como adúltera (en griego moikhé) porque no representa al verdadero pueblo de Dios.

Además, como hace notar el  Dr. John F. Walvoord  «El simbolismo del adulterio espiritual no se usa de ordinario con respecto a las naciones paganas, que no conocen a Dios, sino siempre acerca del pueblo que lleva exteriormente el nombre de Dios, mientras, en realidad, está adorando y sirviendo a otros dioses». De ahí, la amonestación de Santiago (Santiago 4:4) contra las «almas adúlteras».

Por consiguiente, se trata aquí de la alianza o cohabitación de la Iglesia apóstata con los poderes políticos de todos los tiempos, pero, en especial, del final de los tiempos.

Las «muchas aguas» (final del verso 1) representa las gentes (paganos o gentiles), lo mismo que el «mar» de 13:1.

En el versículo 15 se nos ofrece la explicación de las muchas aguas [gentes] que están bajo el dominio de la Gran Ramera:

«Luego me dijo el ángel: “Las aguas que has visto, donde está sentada la prostituta, son pueblos, multitudes, naciones y lenguas”».

En efecto, las aguas del mar significan, en la Biblia, las muchedumbres y, en especial, las gentes paganas en su oposición a Dios y a su Ungido, el Mesías.

Se pone aquí de relieve el gran poder (espiritual, moral, político, económico) que la Iglesia apóstata ejerce y, especialmente, ejercerá al fin de los tiempos con el apoyo del AntiCristo y sus fuerzas.

Vestida de púrpura y escarlata

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“La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada con oro, piedras preciosas…” Apocalipsis 17:4

El modo como la mujer va vestida y aderezada coincide absolutamnte con la pompa ostentosa de los altos signatarios de las Iglesias oficiales, no sólo de Roma, sino también de la llamada Ortodoxia y, de la Iglesia Anglicana.

La «púrpura cardenalicia» es ya una frase proverbial. Lo mismo puede decirse del aderezo de oro, perlas y piedras preciosas que con tiaras, mitras y pectorales han estado cubiertos (en especial, hasta el Concilio Vaticano II)

Los colores de púrpura y escarlata nuevamente identifican a la mujer tanto con la Roma pagana como cristiana.

Estos eran los colores del ropaje de los césares romanos y con los que los soldados vistieron a Cristo como “Rey” para burlarse de él (véase Mateo 27:28 y Juan 19:2,5), vestiduras que el Vaticano adoptó para uso propio.

Los colores de la mujer todavía son literalmente los colores del clérigo romano. La Enciclopedia Católica (Our Sunday Visitor´s Catholic Encyclopedia – 1991), dice:

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Cappa Magna

Cappa Magna:

Un manto de cola larga y una capucha con hombrera …  de lana púrpura para los obispos; para cardenales, de seda escarlata lavada (para adviento, cuaresma, viernes santo y cónclave, lana púrpura); y seda lavada rosa para domingos Gaudette y Laetare; y para el Papa,  terciopelo rojo para maitines navideños, sarga roja para otras ocasiones.

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Sotanas purpura, y escarlata

Casaca (también sotana)

El hábito hasta los tobillos, de talle ajustado, usado por el clérigo católico como su vestimenta oficial… El color para los obispos y otros prelados es púrpura, para los cardenales es escarlata…”

Adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas

La expresión “en la mano un cáliz de oro” de nuevo identifica a la mujer con la Iglesia Católica Romana.

La edición de Broderick de The Catholic Encyclopedia, declara del cáliz: “[Este es] el más importante de los vasos sagrados… [Este] puede ser de oro o plata, y si del último, entonces el interior debe estar recubierto de oro”.

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Cáliz y Patena

La Iglesia Católica Romana posee muchos miles de cálices de oro macizo que están en sus iglesias alrededor del mundo.

Hasta la cruz de Cristo manchada de sangre ha sido hecha de oro y engastada con gemas preciosas reflejando la gran riqueza de Roma.

La Enciclopedia Católica dice: “La cruz del pectoral [suspendida por una cadena alrededor del cuello y usada sobre el pecho por abates, obispos, arzobispos, cardenales y el papa] debe hacerse de oro y… decorarse con gemas...”

La Iglesia Católica Romana es por mucho la institución más adinerada del mundo. Efectivamente, de vez en cuando se oyen “las súplicas” de Roma solicitando dinero -apelaciones persuasivas diciendo que el Vaticano no puede mantenerse con el presupuesto limitado que tiene y necesita ayuda monetaria.

Dichas apelaciones son maniobras inescrupulosas. El valor de innumerables esculturas por grandes maestros como Miguel Angel Buonarroti, pinturas por los artistas más grandes del mundo, además de incontables tesoros y documentos antiguos que Roma posee (no sólo en el Vaticano sino en catedrales en todo el mundo), es incalculable.

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Papa Benedicto XVI colocando “Corona de Nobleza a Señora de Loudes”, Febrero 11, 2007

En el sínodo mundial de obispos en Roma, el cardenal Heenan de Inglaterra propuso que la Iglesia vendiera algunos de estos tesoros “superfluos” y donara los ingresos a los pobres. Dicha sugerencia le valió el desprecio de sus pares.

Casi escondida por otros tesoros está la “Corona de Nuestra Señora de Lourdes“, que fue hecha por un orfebre de París en 1876 e incrustada con diamantes.

Cristo y sus discípulos vivieron en la pobreza. Cristo dijo a sus seguidores que no hicieran tesoros en esta tierra sino en el cielo.

La Iglesia Católica Romana ha desobedecido ese mandamiento y ha acumulado una plétora de riquezas que no tiene comparación, de la cual “el Pontífice Romano es el supremo administrador y mayordomo...” (James Coriden, Thomas Green, Donald Heintschel, The Code of Canon Law (Paulist Press, 1985), Canon 1273).

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Primera presentación de los Tesoros de Lourdes en Lourdes, Francia (Abril 07,1992)

Después de una indiscreción por parte del portavoz de prensa del Vaticano, las autoridades de esta institución se vieron en la obligación de revelar parte de la colección del fabuloso tesoro de Lourdes (Francia), cuya existencia la Iglesia Católica mantuvo en secreto durante 120 años.

Se abrieron [algunas] de las vitrinas que iban desde el suelo hasta el cielo raso para revelar 59 cálices de oro macizo junto con anillos, crucifijos, estatuas, y pesados broches de oro, muchos incrustados con piedras preciosas.

Las autoridades católicas dicen que no pueden poner valor sobre la colección. “No tengo idea”, dice el Padre Pierre-Marie Charriez, director del Patrimonio y los Santuarios. “Es de valor inestimable”….

Al otro lado del camino hay un edificio donde hay depositados cientos de vestimentas eclesiásticas [antiguas], mantos, mitras y bandas, muchas hechas con hilos de oro pesado.

“La Iglesia en sí es pobre…” insiste el Padre Charriez. “El Vaticano en sí es pobre…” (The European, abril 9-12 de 1992. p.1) [El tesoro aquí descrito es solo una parte del que se guarda en un lugar… ¡ el pequeño pueblo de Lourdes, en Francia…]

Un cáliz de oro lleno de abominaciones

El elemento más sorprendente es la copa, o cáliz, de oro en la mano de la mujer. Esta copa está llena de abominaciones. El brebaje que esta mujer ofrece a los poderes políticos de las naciones y a sus pueblos respectivos es una mezcla de religión e idolatría, de símbolos espirituales y ritos paganos, de cátedra pontificia y de tribuna socio-política, de evangelio y filosofía humanista.

Así se explica que el propio Papa Juan XXIII hiciera acuñar una medalla en cuyo anverso estaba impresa su propia efigie, y en el reverso la mujer de Apocalipsis 17, ¡exactamente como se la describe!

Roma ha practicado la impiedad para acumular su riqueza, porque el “cáliz de oro” está “lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación”. Gran parte de la riqueza de la Iglesia Católica Romana fue adquirida mediante la confiscación de la propiedad de las víctimas miserables de las inquisiciones. Aun los muertos eran exhumados para que enfrentaran el juicio, y a los herederos la Iglesia les quitaba la propiedad.

Mucha de la riqueza de Roma se ha adquirido mediante la venta de la salvación. La Iglesia ha recibido incontables miles de millones de dólares de los que pensaban que estaban comprando el cielo a cuotas mensuales para sí mismos o para seres queridos. La práctica continúa hasta hoy, descaradamente. No podría perpetrarse un engaño ni abominación más grande.

Cuando el Cardenal Cayetano, erudito domínico del siglo XVI, se quejó acerca de la venta de dispensaciones e indulgencias, la jerarquía de la Iglesia se indignó y lo acusó de querer “convertir a Roma en un desierto deshabitado, de querer reducir al papado a la impotencia, de privar al Papa… de sus recursos pecuniarios indispensables para el desempeño de su cargo”. (J.H. Ignaz von Dollinger, The Pope and the Council (Londres 1869), pp. 307-308)

Además de dichas perversiones del evangelio que han conducido a millones por el mal camino, existen otras abominaciones (plenamente documentadas en los anales de la policía y los tribunales), que el Vaticano y sus representantes las han empleado por mucho tiempo en todo el mundo. Nino Lo Bello, ex corresponsal de Business Week en Roma y jefe de la oficina para el New York Journal of Commerce, escribe que el Vaticano está tan estrechamente aliado con la Mafia en Italia que “muchas personas… creen que Sicilia… no es nada más que una sucursal del Vaticano”. (Nino Lo Bello, The Vatican Empire (Trident Press, 1968), p. 167. Véase también David A. Yallop, In God´s Name (Bantam Books, 1984); Richard Hammers, The Vatican Connection (Penguin Books, 1983).)

La Gran Ramera de Apocalipsis: La Gran Prostituta – 3ra parte

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